viernes, 18 de septiembre de 2009

La imagen de la derrota

Con sólo mirar un momento del choque entre Vélez y Boca es suficiente para saber cómo está actualmente el Xeneize. Ver a Martín Palermo pegándole a Emiliano Papa la patada que le pegó y que le valió la roja directa, teniendo en cuenta que el Titán no es de hacer esas cosas, podemos darnos cuenta de lo gravemente enfermo que está hoy el elenco de la Ribera. Es la foto de la impotencia, de la falta de ideas y la incapacidad para enfrentar circunstancias que no son favorables.

Boca está perdido, sin rumbo, no tiene capacidad para sobreponerse a la adversidad, nadie muestra la verdadera calidad que sabemos puede salir de sus botines. Alfio Basile tampoco tiene demasiadas ideas para solucionar esto y entonces llegamos a la conclusión de que el azul y oro hoy por hoy vive un desconcierto como hace mucho no ocurría.

El Xeneize son once jugadores parados en la cancha, que no tienen coordinación para defender ni pelotas aéreas ni balones que llegan por abajo. Un equipo lleno de nombres pero que en realidad no produce nada. A Boca ya no lo salvan las individualidades, como sí pasaba tiempo atrás, cuando no aparece el equipo. Basile deberá empeñarse entonces en armar una formación capaz de desarrollar algo colectivamente e incluso, si es necesario, salir de su estructura del "equipo de memoria" para salir a flote de esta crisis.

Por suerte esto ocurre con la competencia oficial recién iniciada pero es imperiosamente necesario encontrar una solución ya. Por lo menos comenzar a ganar y, a través de los triunfos, ganar confianza y que esa confianza le de paso al buen juego. Porque en estos seis meses, Boca no sólo juega por la obligación que siempre tiene de ganar un título, también está obligado a salir campeón (o hacer una espectacular campaña y no terminar en lo más alto) para no perderse la edición 2010 de la Copa Libertadores.

Basile durante los partidos para levantar los resultados se limita a realizar cambios muy simples. Acumula delanteros cuando el gran problema boquense se encuentra en la poca posesión de la mitad de la cancha y la última línea continúa muy endeble.

Pero estos síntomas ya los padeció Carlos Ischia durante el primer semestre. De esta manera podemos saber que lo más importante en este plantel no pasa por el DT. Los futbolistas han sufrido un notable bajón en su rendimiento, no se entienden en la cancha y toman decisiones equivocadas. Esto viene ocurriendo hace bastante, pero las individualidades nos sacaron las papas del fuego hasta el Apertura 2008, que los entonces dirigidos por Ischia se adjudicaron en medio de muchísimas situaciones complicadas y con una plantilla que no ha variado tanto.

Además, a Boca "se le acaba la nafta" muy rápidamente. En cada segundo tiempo, el rival de turno no tiene dificultades para desarrollar más libremente su juego. Ahora que sólo habrá un partido por semana tras la eliminación de la Sudamericana, habrá tiempo de comenzar a ajustar ese importantísimo aspecto que es el físico.

En el arco, Roberto Abbondanzieri alterna muy buenas con muy malas. El miércoles contra Vélez fue la gran figura y evitó una goleada en contra. Pero el sábado fue uno de los grandes responsables de la derrota en Tucumán (se equivocó en el 0-1) y días antes había tenido la culpa del empate de Newell's en la Bombonera.

Puede ser que el entrenador repita el domingo frente a Godoy Cruz la misma formación que cayó derrotada en Liniers porque realmente confía en estos jugadores y piensa que sin variantes esto se va a revertir. O puede pasar que no se le ocurran modificaciones. Pero a partir de ahora, en lugar de sacar a los jugadores que han sido de lo mejor del equipo (caso Federico Insúa el miércoles), Basile deberá reemplazar a los que aporten poco y nada (por ejemplo, en Liniers, Gary Medel) y en lugar de acumular delanteros que quedan aislados del resto de sus compañeros porque la pelota no les llega, tiene que buscar la manera de que sus dirigidos logren profundidad y precisión en la tenencia del balón.

Todavía puede modificarse un futuro que a este paso es poco alentador y nosotros, que en las buenas queremos a Boca y en las malas lo amamos, tendremos que seguir alentando y no perder la esperanza. Porque la esperanza es lo último que se pierde.

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